En la mañana del domingo 24 de abril, el Señor tuvo a bien ministrarnos por medio de la hermana Carmen Cancel, quien expuso la palabra.

Comenzamos leyendo 1 Samuel 17: 1-11, que nos narra la historia de David y Goliat. Esta historia es conocida por nosotros los creyentes, inclusive por los no creyentes. Y en ella vemos que cuando ponemos toda nuestra confianza en el poder del Señor, salimos victoriosos.

Solemos decir que queremos tener la valentía de David, que queremos tener la misma relación que David tuvo con Dios. Claro, David es uno de los más grandes ejemplos de la Biblia, ¿cómo no querer ser como él? Pero, muchas veces no nos damos cuenta, y actuamos como Saúl; vemos al gigante más grande que Dios. Y aunque le profesamos, y creemos en Dios, no le creemos a él. Para ser como David, tenemos que enfrentarnos al gigante. En nuestro caso, enfrentarnos al problema. Tenemos que pasar por el momento de dificultad, y  encarar nuestros miedos.

La hermana Cancel compartió con nosotros la siguiente anécdota:

Una joven, angustiada por las situaciones de la vida, le dijo a su padre: “Ya no puedo más».  Su padre fue al mercado y trajo café, zanahorias y huevos. Colocó una zanahoria y un huevo en agua y los puso a hervir. Al cabo de 20 minutos, colocó la zanahoria y el huevo en un plato y coló el café. Luego invitó a su hija a ver lo que había sucedido con cada producto. La hija dijo: “papá, la zanahoria que era dura, terminó blandita y se deshace. El huevo, que era frágil, se puso duro. Pero, el café está muy bueno. ¿Qué me quieres enseñar con esto?” El padre dijo: “Hija, las circunstancias de la vida no pueden cambiar tu esencia para mal. Tienes que pedirle al Señor que esta situación no te dañe sino que te procese y haga de ti alguien mejor, como el agua hirviendo hizo al café.”

Sé valiente y no dudes que Dios te ama. Dile a ese gigante que ya Dios te dio la victoria. Esto no quiere decir que no tengas miedo, sino que NO dejes que el miedo te venza. Ora y pídele a Dios que te ayude a ser como esos hombres y mujeres de fe, que a pesar de su temor se movieron convencidos de su poder. Asimismo, camina con seguridad de que Dios se moverá a tu favor.

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8 v. 28 y 31)

 

 

Por Lisandra Y. Rodríguez