Después de un momento hermoso de adoración donde entonamos alabanzas que exaltaban el nombre del Señor, dimos comienzo al Culto al Altísimo nocturno. La porción a ser considerada en la noche de hoy se encuentra en Génesis 39. «El verdadero hombre se mide de la cintura hacia arriba y sabe decir ‘no’ en momentos precisos. Esto fue lo que hizo José ante las insinuaciones de la esposa de Potifar», comenzó diciendo la pastora Iris N. Torres Padilla.

No importa cómo se cuente una mentira, seguirá siendo mentira. Podemos clasificar a los mentirosos de dos maneras: quien miente de manera ocasional y el que lo hace de manera continua. El primero lo hace por un desliz, pero el segundo lo hace de manera deliberada y con mala intención. Estos se encuentran en todos lados, desde la más alta posición, hasta la mas baja. Según el Libro de Éxodo en los 10 mandamientos indica que levantar falso testimonio es pecado; en el Libro de Proverbios 6 verso 17 en adelante se condena a aquellos que hablan mentiras y levantan falso testimonio.

Potifar le creyó a su esposa en lugar de José. Las palabras que salen de tu boca pueden atar o pueden destruir; pueden dar vida o dar muerte. El propósito de Dios era más grande que la mentira. Dios se encargó de bendecir al soñador y de protegerlo y lo colocó en lugares especiales junto a presos del rey. A diferencia de muchos presos, José no había hecho nada; era inocente. Pero Dios estaba con José. Para aquellos que le sirven a Dios no hay lugares malos, sino de aprendizaje.

El papa de José lo daba por muerto, los hermanos sabían que era esclavo, pero Dios estaba con él. Él no fue solo a la cárcel; Dios estaba allí.

 

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