En el culto la predica se enfocó en la sanación interior. El pasaje bíblico al que se hizo referencia fue Juan 5:1-18, donde podemos leer sobre el paralítico del estanque de Betesda. A través de este pasaje podemos aprender que este hombre además de tener una necesidad física, tenía una interior. Cuando Jesús llegó a su encuentro le preguntó: “¿Quieres ser sano?.” Por supuesto que el paralítico quería ser sano, por esa razón era que estaba cerca del estanque, pero Jesús en su inmensa sabiduría sabía que necesitaba algo más. Este hombre llevaba 38 años en ese lugar, podemos imaginar que este había pérdido toda esperanza de ser sanado. También podemos pensar en su angustia, desánimo, entre otras emociones y pensamientos que pudieran estar arropando su ser interior. Por eso Jesús le dijo: “Levántate, toma tu lecho y anda” tres palabras imposibles para un paralítico, pero tres palabras que restauraron el interior y corazón de aquel hombre.

Tres palabras que el Señor te dice hoy; no sé por qué situación estés pasando pero Dios no da cargas que no podamos llevar y aún cuando estés como aquel paralítico sin fuerzas, desanimado o sin esperanzas, Jesús te dice: “Levántate, toma tu lecho y anda.” Sigue en fe creyendo las promesas de Dios, él siempre va a llegar a tu encuentro.

 

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